La primera vez que fuimos a la casa de Silas, no llevamos nada y ellos nos tenían un festín que incluía chapatis, mandazis, porotos verdes, tomates e, incluso, su esposa mató a un pollo para que lo comiéramos. Así que nos sentimos mal porque no le habíamos llevado nada, sólo nuestra presencia. Y, por el mismo motivo, se nos ocurrió llevarles algo la siguiente vez que nos invitaran.
En Chile y, en general en los países occidentales, se estila llevar un chocolate, una botella de vino o, bien, el postre cuando te invitan a comer a una casa. Sin embargo, cuando le preguntamos a Lili qué llevar a la casa de Silas, ella nos dijo que llevar azúcar era bien visto... aló??
Para Navidad hicimos un regalo a 2 familias: a la de Silas y a la familia de Mister, Joy y Cinthya, unos niñitos vecinos que siempre juegan con nosotras. El regalo consistía en azúcar, una coca cola, un queque (acá son ultra secos, no existen las tortas tipo merengue lúcuma o milhojas, a lo más, con crema, mucha crema) y unos lápices de colores para los más chicos. Nos sentíamos raras dando eso, pero las familias estaban muy contentas con sus regalos, es normal para ellos que se les de eso. Ocurre que, por ejemplo el azúcar, es un bien preciado porque es cara. Sin ir más lejos, una vez que estábamos en el supermercado, estaban reponiendo el azúcar y, al menos 15 personas se abalanzaron para sacar su kilito.
El fin de semana recién pasado fuimos al hogar del papá de nuestros amigos vecinos (Mister, Joy y Cinthya) y, como muestra de su aprecio por haberlos ido a ver en Kimilili (a unas 5 horas de Kisumu) nos regalaron bananas para cocinar matoke (son plátanos verdes que se cocinan, su sabor es parecido al de una papa dulce), pero no estoy hablando de unas pocas. Nos regalaron 3 matas gigantes (llenamos un saco)!! Y, para rematarla, nos regalaron 2 pollos... vivos!!! Nos queríamos morir porque ni una quería tomarlo, menos matarlo. Se me ocurrió llevarlo a nuestro gallinero (el que estamos construyendo con los jóvenes de la calle), pero era un regalo para que lo comiéramos, no para criarlo. Uno de los pollos se lo regalamos a los papás de nuestros amigos, Phillip y Aska, el otro lo trajimos a la casa y Ken se encargó de matar a la pobre Diana (así nombré al pollo).
A lo mejor cuando vuelva a Chile voy a terminar llevando regalos inusuales a las casas de mis amigas. Espero que comprendan que hay un período de transición.







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